jueves, 1 de octubre de 2009

Feudalismo

El feudalismo consistía en un acuerdo entre dos nobles, uno el señor y otro el vasallo. El vasallo prometía obediencia y fidelidad a su señor y se comprometía a cumplir una serie de funciones en su nombre. Los deberes más importantes eran comúnmente: el servicio militar (normalmente limitado a 40 días al año), reclutar soldados para el ejército de su señor y proveerlo de ingresos. Por su parte, el señor se comprometía a dar protección militar a su vasallo y a proporcionarle los medios de subsistencia. Con ese fin, el vasallo recibía el control de un feudo que normalmente consistía en una gran extensión de tierra, aunque también podía tratarse de funciones lucrativas y de responsabilidad, como recaudador de impuestos, acuñador de moneda o agente de aduanas. De ese modo, un señor con muchos vasallos disponía de fuentes seguras de ingresos además de un ejército. El contrato feudal era de por vida. El señor podía arrebatarle el feudo a su vasallo si éste incumplía sus obligaciones. En cambio, para el vasallo, dejar a su señor era tarea más ardua. Al principio los feudos no eran hereditarios, lo que constituía una gran ventaja para el señor. Cuantos más feudos tenía un señor para repartir, más duramente habían de trabajar los vasallos para ganárselos. Con el transcurso de la Edad Media, los vasallos encontraron oportunidades para convertir sus feudos en hereditarios, dejando a sus señores un número menor de los que disponer como recompensa,tambien se caracteriza por un tipo de relación social que se conoce como vasallaje, que se dio básicamente entre los nobles y el monarca. El vasallaje se define como un conjunto de instituciones que crean y rigen obligaciones de obediencia y servicio —principalmente militar— por parte de un hombre libre llamado “vasallo” hacia un hombre libre llamado “señor” y obligaciones de protección y sostenimiento por parte del “señor” respecto del “vasallo”.


La mayoría de las veces la obligación de sostenimiento del señor implicaba que éste otorgara al vasallo la posesión de una extensión de tierra llamada “feudo”. El feudo o propiedad territorial fue la pieza clave de los lazos de dependencia entre un señor y un vasallo
si un noble daba un feudo (tierras) a otro noble, éste se convertía en vasallo del señor que le otorgaba la propiedad. A su vez este señor era vasallo de otro noble (señor) que le había dado un feudo, y de este modo se creaba una cadena de señores y vasallos que se debían lealtad y obligaciones unos a otros. Así los nobles eran señores y simultáneamente vasallos. Nominalmente, todos los señores eran vasallos del rey. Sin embargo, en la práctica hubo señores feudales tan poderosos como el monarca. El monarca era un soberano feudal de sus vasallos a quienes estaba ligado por vínculos recíprocos de fidelidad. Los recursos económicos del rey residían casi exclusivamente en sus dominios personales como señor, y sus llamadas a sus vasallos tenían una naturaleza esencialmente militar. El monarca sólo era señor de sus propios dominios; en el resto de su imperio era en gran medida una figura ceremonial.

El esclavismo

El esclavismo es la primera negación de la comunidad primitiva y, al mismo tiempo, una trascendencia de la misma. Como modo de producción, basado en la propiedad privada, es la negación de la comunidad primitiva, basada en la propiedad común de los instrumentos y medios de existencia; pero, el esclavismo es, a la vez, una continuidad histórica humana. En la comunidad primitiva se dan los elementos para el esclavismo.
En efecto, el poder de los ancianos, el de los guerreros y el de los sacerdotes del culto y el rito religiosos, van generando la dominación de unos humanos sobre el resto de la comunidad, van estableciendo jerarquías que exigen no solamente poder sobre los otros, sino, propiedad de medios e instrumentos de poder en lo económico, en lo político, en lo religioso, en lo militar.
Unos grupos humanos se van apropiando del uso de los instrumentos y medios materiales de la comunidad y, en el transcurso del tiempo, los van incorporando como propiedad, primero de casta, luego de carácter familiar e individual. Por otra parte, con la expansión tribal en búsqueda de mejores tierras y pastos para los ganados y una agricultura incipiente, se presentan los choques entre comunidades humanas de los cuales surge la esclavización de los vencidos y su incorporación a la comunidad de los vencedores en calidad de propiedad esclavista o de agregados sociales que entran a formar parte de la misma. (…)
Dentro de la comunidad se genera la contradicción entre poseedores, posteriormente propietarios, y no poseedores, luego propiedad privada de los primeros. El esclavismo se desarrolla, entonces, sobre la conquista de unos humanos sobre otros humanos o sobre la apropiación de la propiedad comunal por parte de las castas políticas, militares o religiosas, las que forman una unidad gubernamental.
Dos fuentes generan el esclavismo, una externa, la conquista; otra, interna, la apropiación de los bienes comunes. Pero, el esclavismo no es aún una concentración muy grande de la propiedad privada porque el régimen esclavista se asienta, en algunas partes, sobre el dominio de la tierra y la tierra es propiedad de toda la comunidad. El esclavismo de carácter guerrero genera una economía imperial de gran movilidad mercantil e intercambio con otros pueblos. Los esclavos no son agentes sociales, sino objetos o instrumentos de trabajo, son sujetos del intercambio mercantil.
El esclavismo es una economía mercantil que genera una institucionalidad de alto contenido religioso. El esclavismo genera el politeísmo; pero, también la teocracia. Es importante, en este punto, especificar que la humanidad ha conocido dos clases de esclavismo: el esclavismo de los imperios mercantiles que se ha descrito antes y el esclavismo de los imperios agrarios y pastores. En el primero, el esclavo era más un objeto de compraventa y en el segundo era un objeto de uso. En el primero, los esclavos eran instrumentos de una economía mercantil de gran movilidad económica y en el segundo los esclavos se encontraban bajo un régimen "patriarcal" o "paternalista", en donde tenían mayor protección y formaban parte de la comunidad en forma más humana. El primero, tuvo su máximo desarrollo en Egipto, en Babilonia y luego en Grecia y Roma extendiéndose por todo el mundo hasta el siglo XV y XVI cuando aparece el capitalismo; el segundo, se desarrolló en los países asiáticos, China y la India principalmente.
En nuestra América los Incas alcanzaron formas esclavistas pero de carácter patriarcal y paternalista. En el esclavismo, la propiedad privada se encuentra generando una dinámica económica de elevado nivel, porque los imperios esclavistas fueron fundamentalmente conquistadores, guerreros. El imperio babilónico, el egipcio y posteriormente Grecia y Roma, fueron regímenes esencialmente conquistadores de pueblos. Los esclavos fueron instrumentos vinculados a las grandes construcciones, como las pirámides de Egipto, o instrumentos mecánicos en las grandes embarcaciones dedicadas al comercio y a la guerra o fueron servidores de los grandes esclavistas, que vivían de las rentas de la tierra o de las rentas del Estado.
Sin embargo, en el esclavismo subsiste la propiedad comunal en los bienes del culto, en los bienes del Estado. Los dioses son los propietarios de las grandes construcciones elevadas para su culto y la morada de sus sacerdotes y la tierra era, predominantemente, propiedad del Estado como tal. Pero, todos estos bienes, producto del trabajo de la comunidad, se encuentran en manos de determinadas personas, de determinadas instituciones y ese es el piso sobre el cual se va formando la gran propiedad individual. La propiedad privada en el esclavismo es prevaleciente en la artesanía, la manufactura y el comercio.
El esclavismo mercantilista es un modo de producción progresista, que imprime a la sociedad un ritmo económico y cultural superior al que poseía el régimen de la comunidad primitiva. En esta clase de esclavismo florece la cultura expresada en las grandes obras de arquitectura, la pintura, la escultura, la escritura, las matemáticas, la astronomía, la filosofía, la música, etc. El pensamiento filosófico tiene una expresión de elevado nivel en el esclavismo, principalmente en el esclavismo de Grecia y Roma. En el esclavismo, el régimen de la propiedad privada no adquiere un total desplazamiento y no genera alienación como forma de apropiación por parte del objeto del sujeto. Es decir, el objeto, en la producción esclavista, no tiene suficiente poder para apropiarse de quien lo produce o lo compra.
Los objetos o elementos que poseen los esclavistas tienen una aplicación práctica predominantemente de uso y no de cambio o de poder sobre otros. Aunque las grandes construcciones de los esclavistas poseían mucho valor y fuerza de trabajo de los esclavos, sus propietarios no estaban tan alienados en ellas como lo están los capitalistas modernos, tanto en sus grandes mansiones como en las mercancías que poseen. La propiedad privada, en el esclavismo, no es fundamento de poder como en los regímenes modernos por cuanto en ese modo de producción predomina el poder religioso, teocrático, expresado en los faraones, emperadores y reyes que reúnen en sí el poder político y el poder religioso. Aunque la casta dominante ejerce un poder omnímodo sobre el conjunto social, lo hace, no como propietaria de medios de producción, sino como representante de los dioses.
El poder económico de las castas dominantes en el esclavismo no está basado en la propiedad privada individual, sino en el poder del Estado, del cual es representante y ejecutora; más aún, el poder económico de las castas esclavistas está oculto bajo el manto del poder religioso, militar o político. En Roma era el Senado el que representaba poder y no determinados personajes como tales; cuando los Césares se convierten en una especie de divinidad, no es por ser personas, sino por ser representantes de los dioses del Olimpo y se les asimila a ellos.
Los imperios esclavistas sucumben por dos razones: por el efecto de sus contradicciones internas y por factores externos, consistentes en invasiones de pueblos bárbaros, que aprovechan el deterioro interno de aquellos. Las contradicciones internas de los regímenes esclavistas consisten en la confrontación entre esclavistas y comerciantes, entre esclavistas y campesinos que no tienen tierra y entre esclavistas y esclavos. En la primera, los esclavistas poseen contradicciones con los comerciantes por el mismo ejercicio de la actividad, que va generando mayor poder en los comerciantes, lo cual genera poder político que le disputan a los esclavistas empotrados en las posiciones del Estado.
Las contradicciones entre esclavistas y campesinos se encuentran basadas en las exenciones que sufren estos últimos y la competencia que se les hace con el trabajo esclavo que no es pagado por el esclavista. Las contradicciones entre esclavistas y esclavos son de doble carácter: por una parte los esclavos son muy mal tratados lo que genera el descontento y las rebeliones esclavas que se enfrentan, no sólo a los esclavistas, sino al Estado; por otra parte, los esclavos se van convirtiendo en una carga para el esclavista que los tiene que alimentar y ya las formas de explotación no son rentables para el esclavista.
En lugar de servir y mantener el esclavo al esclavista, éste tiene que mantenerlo para conservarlo como fuerza de servicio. El esclavismo sucumbe ante todas estas contradicciones para dar lugar a otra forma de producción, en donde el antiguo esclavo pasa a ser siervo de la tierra y propiedad de otro carácter por parte del terrateniente o señor feudal.